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Oxfam denuncia la corrupción de las ayudas humanitarias

Tras el terremoto que hace poco más de un año destrozó Haití, el Gobierno español decidió enviar a 450 soldados a bordo del buque Castilla como parte de sus ayudas humanitarias. El ejército de nuestro país llevó a cabo la Operación Hispaniola, con un coste de 18 millones de euros y unos resultados más bien escasos que palidecen todavía más si se comparan con la labor realizada por las ONG internacionales.

Una de ellas, Oxfam, ha escogido este caso para ilustrar una nueva campaña en la que pone en duda la eficacia económica de la actual ayuda humanitaria. Para los analistas de Oxfam, los países desarrollados están militarizando los fondos de cooperación y utilizándolos en función de sus intereses políticos y de seguridad.

Como consecuencia de esta visión interesada de las ayudas humanitarias, la ayuda al desarrollo está perdiendo eficacia. Los proyectos son cada vez más caros, menos sostenibles y, para colmo, más peligrosos. Porque los países del primer mundo invierten casi todos sus fondos en Irak, Afganistán o Somalia, países en guerra donde los cooperantes ocupan ya el punto de mira de los bandos enfrentados.

El diagnóstico, por tanto, es muy negativo: los gobiernos escogen dónde enviar ayudas humanitarias en función de sus intereses a corto plazo, los ejércitos gestionan los fondos y se llevan a cabo intervenciones que ni son sostenibles ni solucionan problemas estructurales. Eso sí, la foto sigue siendo igual de rentable en los medios de comunicación.

Ante este oscuro panorama, que Oxfam ha denunciado a través de un concienzudo análisis estadístico, es urgente tomar medidas correctoras. Y es que para ampliar la eficacia de las ayudas humanitarias bastaría con establecer un criterio para la elección de campañas, seguir un procedimiento estándar y separar los intereses políticos o militares de la ayuda a la cooperación.

De esta manera podrían fluir con más eficiencia los billones de dólares que anualmente se invierten en ayudas humanitarias. Aunque en el fondo, quizás haya llegado el momento de reconocer que la mal llamada ayuda humanitaria no es más que una inversión en defensa de los intereses nacionales.

Imagen: oxfam.org

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