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Bancarrota, punto y seguido

La noticia se repite constantemente desde hace un par de años en las páginas de todos los diarios. Una gran empresa solicita la declaración de quiebra o bancarrota porque no puede hacer frente a sus compromisos. Si eso ocurre en los más altos niveles de la economía, cómo no va ocurrir en el cenagoso terreno de las pequeñas empresas.

Todos somos susceptibles a una bancarrota y todavía más en un contexto internacional tan complicado. Conviene mantener esto en mente cuando nos encontremos en una situación límite y todavía más cuando ésta ya se haya consumado.

Porque una bancarrota no siempre significa el final del camino. Una vez liquidadas todas nuestras deudas, el peso moral del fracaso y la dificultad para obtener crédito serán los dos verdaderos obstáculos que habrá que superar.

Para ello es muy recomendable elaborar un presupuesto realista sobre nuestra situación financiera y tratar de marcarnos pequeños objetivos a corto plazo que nos ayuden a recuperar la confianza perdida después de la bancarrota. Eso sí, no hay qué olvidar los motivos que nos han hecho zozobrar y en la medida de lo posible conviene completar nuestra educación financiera con algún curso o asesor.

También vale la pena retomar el contacto con los bancos para, poco a poco, recuperar también parte de su confianza. Para ello podemos hacer partícipes a las entidades de nuestros ahorros y demostrar puntualidad en el pago de pequeños créditos como el de las tarjetas de crédito. Así estaremos de cerca de superar las trágicas consecuencias de una bancarrota.

Imagen: creo que soy yo en flickr.com

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