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¿Cómo han cambiado los precios desde la peseta hasta el euro?

Desde que el euro le ganara la partida a la peseta allá por el 2002 los precios han subido de forma astronómica debido al 32,5% de inflación acumulada en estos trece años. Además hay que añadir la pérdida de poder adquisitivo de las familias medias ya que los sueldos no han subido al mismo ritmo que los precios, provocando que los productos aumenten de valor independientemente del precio. En pocas palabras, la subida de los precios y de los sueldos no ha sido proporcional en España y todo es mucho más caro de lo que se esperaba cuando entramos en el euro.

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Cuando muchos españoles se dieron cuenta de que los sueldos habían subido por debajo de la mitad del IPC (mejor dicho, lo notaron en el bolsillo) y empezaron a mosquearse con el Euro y las políticas económicas europeístas, al ministro de economía de turno se le ocurrió decir que en España no se había asimilado bien el valor del euro. Lo que quiso decir Pedro Solbes en realidad es que los españoles somos algo zoquetes y no estábamos dando bien las propinas, ya que "no se tiene en cuenta que 20 céntimos son 34 pesetas". Acabáramos, si al final resulta que la economía familiar se estaba hundiendo porque se nos iba el sueldo en propinas.

Redondeando que es gerundio

De todas formas, el economista de Zapatero no estaba del todo equivocado. La entrada del euro en nuestras carteras supuso una fiesta para los empresarios y las grandes compañías; fueron los años de la ilusión monetaria y de la psicología del marketing. A nadie le pareció extraño que la 'moneda de 20 duros' dejara el sitio a la moneda de un euro, pero en el cambio nos estábamos dejando hasta 66 pesetas de más.

El chollo fue para las 'tiendas de todo a 100' o las máquinas de refrescos, donde los redondeos fueron brutales. El truco fue jugar con el hábito de soltar una moneda en la máquina expendedora o en el 'todo a 100', y, claro, lo mejor era no molestar a los consumidores y pedirles un euro. Aunque también podrían haber optado los comerciantes por pedir una moneda de cincuenta céntimos, pero quizá ese redondeo a la baja habría sido difícil de digerir.

Mientras el salvaje redondeo al alza se iba instalando en la vida de los españoles sin que nos diéramos cuenta, desde el Gobierno nos aseguraron por activa y por pasiva que los precios no iban a cambiar con la llegada del Euro. Pero cuando la subida de los precios superó las expectativas en más del 50% y la inflación hizo acto de presencia en los bares, los transportes y la comida, estuvo claro que algo se había hecho mal o que "nos la habían colado", como empezó a decirse entre la población.

¿Qué pasa con la inflación y la crisis?

Además de al Euro, hay que echarle la culpa de la situación a la crisis económica y a la inflación. Por un lado, la quiebra de Lehman Brothers puso en jaque a los países periféricos de la eurozona, entre ellos España, y desató la crisis de la deuda soberana. El sistema económico y bancario español tuvo que hacer frente a un agujero importante que hubo que tapar con cantidades ingentes de euros procedentes del corazón de Europa en forma de préstamo o rescate, como quiera decirse.

FOTOS: la evolución del sueldo en España en imágenes

Pero lo cierto es que la deuda española no ha afectado tanto a los precios de los productos básicos de consumo (que también) como al sistema sanitario y educativo. Esto es grave, por supuesto, pero en relación a la subida de precios hay que dirigir la mirada al progresivo aumento de la inflación, que junto al Euro, parecen ser los principales responsables. Gran parte de los productos básicos registran actualmente valores por encima de la inflación general, es decir, que los consumidores de estos productos (casi todo el mundo) están perdiendo poder de compra.

Algunos ejemplos reveladores

Desde que entró el euro todo ha subido de precio: el pan, el arroz, la leche, el cine, el alcohol, el tabaco, la gasolina, los transportes, la carne, la fruta... todo. El impacto en la vida cotidiana ha sido doloroso para la cartera del ciudadano medio, que no ha podido evitar el asalto del euro ya que se ha instalado en las cosas pequeñas y los detalles ordinarios; cosas como comprar el periódico, tomarse un café, o pillar el autobús.

Tomando como ejemplo la capital, un periódico que costaba apenas 150 pesetas en 2001, con la divisa europea pasó a costar un euro (unas 166 pesetas) debido al redondeo. Para los aficionados al café la broma del euro les supuso en su momento un gasto extra de 40 pesetas, ya que el precio de la taza pasó de las 120 pesetas a costar un euro. Luego viene el metro o el bus, y aquí sí que duele; de las 785 pesetas que se pagaban antes de 2002 por un bono de 10 viajes hemos pasado a los 12,20 euros.

Las cañas y los menús de almuerzo también han sufrido el peso del euro y la inflación. Una cerveza costaba 150 pesetas como mucho antes de la era del euro, pero pasó en poco tiempo a costar 1,5 euros, y hoy en día de 2 euros no baja en muchos sitios. En cuanto al menú, si antes un buen almuerzo en la calle costaba 1.000 pesetas, con el redondeo pasó a los 7 euros, y hoy en día es mejor ni preguntar.

En términos de inflación actuales, la cosa queda en porcentajes muy significativos. Los alimentos han subido casi un 32%, el transporte casi un 47%, la hostelería poco más de un 41,5%, la vivienda va ya por el 53%, la enseñanza se sitúa en el 44,5%, y la pareja tabaco-alcohol cuesta hasta un 80% más.

Pero qué pasa con las cosas del día día, como comer. Salir a comer sale más caro, pero cocinar en casa también, un 7,5% más para ser exactos. Este porcentaje se computa entre el precio: del aceite, que cuesta un 12,5% más; de la carne de ternera, que ha visto aumentado su precio en un 4,5%; del pescado, que cuesta casi un 3% más; y de las legumbres y verduras, que han subido hasta un 5,5%.

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