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¿Cuáles son las diferencias entre las tarjetas de crédito y de débito?

El dinero de plástico y los móviles parece que desbancarán en breve al papel moneda. En Dinamarca está prohibido pagar con dinero físico en algunos establecimientos, en China pagan el taxi con el móvil y en Nigeria solo usan dinero digital porque no tienen bancos propios (obviando el UBA). En el resto del mundo no nos han prohibido usar el dinero en efectivo, pero estamos tan acostumbrados a pagar con tarjeta que nos da igual. Que usamos tarjetas a cascoporro lo sabemos, ¿pero tenemos claro qué tipo de tarjeta usamos?

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Tarjetas las hay para gustos y colores, según las necesidades o las ganas de gastar, y todas (o la gran mayoría) están al alcance de un clic para cualquier cliente. El proceso de solicitud es más que sencillo, lo que resulta un infierno es dar con el producto adecuado. Se puede uno marear entre tanta oferta y entidad vendiéndote la moto, pero lo principal es respirar hondo y hacerse la pregunta clave: ¿qué me conviene más, una tarjeta de débito o una de crédito?

Las tarjetas de débito

Las principal característica de las tarjetas de débito es que solo podrás gastar si tienes dinero en la cuenta, por lo que es ideal para manirrotos y despistados. Si tienes, gastas, así de simple. Lo malo de esto es que ante un imprevisto te quedas en bragas, pero lo bueno es que el banco no te aplicará comisión por prestarte dinero o aplazar un pago. Como tampoco te cobrarán comisión por emitirla o por tenerla (algunas entidades las aplican, pero es calderilla).

Como ves, una tarjeta de débito es la opción más económica porque solo te gastas lo que tienes y además te ahorras las comisiones de emisión, las de permanencia o las asociadas a los pagos aplazados. Definitivamente, la tarjeta de débito es la mejor aliada de todo aquel que quiere controlar su economía personal a tope, evitar gastos añadidos o comisiones y, lo más importante, no le apetece quedarse en números rojos al mes siguiente por una compra innecesaria o compulsiva.

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Quizá la única pega que tiene este tipo de tarjeta es que ofrece un nivel de seguridad muy bajo en las compras, sobre todo las realizadas por Internet (aunque para eso lo mejor es hacerse con una tarjeta digital). Puede que no necesites un seguro para realizar tus compras diarias, pero es bueno saber que las tarjetas de crédito sí suelen tener asociado un seguro por fraude o por desperfectos en el producto adquirido. Pero, vaya, si usas la tarjeta como un monedero y lo máximo que compras con ella son papas y cerveza, el seguro ni te va ni te viene.

Las tarjetas de crédito

La gran diferencia entre las tarjetas de débito y las de crédito es que con estas últimas sí se puede retirar efectivo o comprar en un establecimiento aunque no se disponga de dinero en la cuenta. Pero tampoco hay que ir gastando como si no hubiera un mañana, porque el banco lo que hace es aplazar el pago de la compra al siguiente mes y, claro, te encasqueta una comisión (que dependerá de la entidad y del contrato firmado). Eso sí, las entidades suelen ofrecer facilidades para pagar: a mes vencido, en cuotas, porcentajes...

Vamos, que el banco lo que hace es prestarle dinero al dueño de la tarjeta cuando la usa. Que vas a comprar al super, pues nada, ya se te cargará en la cuenta el mes que viene con el coste añadido correspondiente. Un peligro si eres un despistado que ves como tu cuenta no se menea y sigues gastando como un campeón. Además, estas tarjetas salen mucho más caras porque tienen unas comisiones de emisión, uso y tenencia considerables; aunque hay entidades que te las perdonan si gasta 3.000 euros al año y les llevas tu nómina.

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