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¿Cuándo hay que dejar propina?

Dar propina es por definición un acto de gratitud en forma de suplemento que el cliente realiza para manifestar su satisfacción por el trato recibido en cualquier tipo de servicio. Propina es por lo tanto sinónimo de agradecimiento, pero para nada de obligación, y mucho menos de menosprecio. Esto es así al menos en España, ya que en algunos países dar propina es un costumbre casi imperativa y en otros puede incluso considerarse un insulto.

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La propina está presente en todo el sector terciario y no se limita solo a los restaurantes, ya que abarca cualquier servicio, por insignificante que parezca, prestado en en hoteles, cines, supermercados, teatros, baños públicos, etc. El agasajo de un cliente feliz puede recaer sobre cualquier empleado, desde el repartidor de pizza, el camarero de piso, el taxista, el botones, el acomodador, el repartidor de la compra a domicilio, hasta el butanero, por citar algunos.

Lo que está claro es que el tema de las propinas no es un asunto baladí, pues lo último que queremos como clientes es quedar mal. Muestra de ello es que cuando nos vamos de turismo al extranjero una de las primeras cosas que hacemos al aterrizar es preguntar si es apropiado dar propina, y, si es así, cuánto se suele dejar y de qué forma. La verdad es que no es fácil dar en el clavo, sobre todo en la rama de la hostelería, ya que en según qué países gran parte del sueldo de los camareros procede de las propinas.

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La dificultad del tema llega a puntos insospechados cuando viajamos. Como turistas inocentes encontraremos lugares donde: repudiarán nuestra gratificación (es el caso de algunos países asiáticos como Japón, Singapur o China), la propina estará incluida en la cuenta o no será necesario darla (véase Finlandia, Grecia, Italia o Noruega), se esperará que dejemos hasta un 10% de propina (cosa que ocurre en muchos países europeos, como España, Alemania, Francia o Portugal), es una tradición de riguroso cumplimiento (como ocurre en Reino Unido o en México).

Pero al final no existen cánones ni normas establecidas, ya que países como Estados Unidos, donde dejar propina era casi obligatorio ahora está sumergida en una campaña mediática para su erradicación. Lo mejor es dejarse llevar por el sentido común y decidir por nosotros mismos si dar o no la propina. Si decidimos dejar algo de propina, siempre debe hacerse de forma discreta, sobre el plato o al pagar, pero nunca de forma explícita ni a viva voz. Pero también podemos optar por no darla; por ejemplo, si estimamos que el camarero nos ha atendido con desgana o el repartidor ha sido impertinente, lo mejor es mostrar nuestro desagrado privándoles de la propina.

Por otra parte, si no queremos ofender como clientes hay ciertas cosas que deben evitarse, como soltar toda la calderilla que hemos ido acumulando en el bote del salón. Tampoco es de buen gusto dar una minucia, antes de dar cinco céntimos es mejor no dar nada; igualmente, tampoco es prudente vaciar la billetera para ostentar, ya que la propina no es caridad, es solo una muestra de gratitud. La media ideal, dejar un 10% sobre el precio total de la factura.

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