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Vida y tiempos de la inflación

La economía del Antiguo Egipto estaba totalmente controlada por el Faraón. No había moneda sino que el pago se realizaba con sacos de grano o con piezas de cobre, oro y plata. En tiempos de carestía, se abrían los graneros del Faraón, con lo que se anulaban los efectos de oferta y demanda. El resultado: tres mil años sin inflación.
Felipe II, en cuyo imperio no se ponía el sol, declaró la bancarrota tres veces: en 1557, en 1575 y en 1596. A pesar de la riqueza que llegaba de las Américas, las muchas guerras que sostuvo hicieron declinar la economía. Lo sufrieron, por supuesto, los españoles de a pie: tras la última bancarrota, el precio del trigo subió un 50% en cuatro años.
En la Francia Revolucionaria, que heredaba la maltrecha economía del Antiguo Régimen, viendo que la venta de las propiedades confiscadas a los nobles y a la Iglesia no rendía lo suficiente, emitieron en 1790 los Assignats, una especie de bonos, de uso obligatorio, creyendo proporcionar moneda de curso legal para afrontar la inmensa deuda. La depreciación empezó de inmediato, y para 1795 su valor era, en la práctica, nulo. Tuvo que llegar Napoleón e instaurar el patrón oro para revertir la situación.
En la Francia Revolucionaria, que heredaba la maltrecha economía del Antiguo Régimen, viendo que la venta de las propiedades confiscadas a los nobles y a la Iglesia no rendía lo suficiente, emitieron en 1790 los Assignats, una especie de bonos, de uso obligatorio, creyendo proporcionar moneda de curso legal para afrontar la inmensa deuda. La depreciación empezó de inmediato, y para 1795 su valor era, en la práctica, nulo. Tuvo que llegar Napoleón e instaurar el patrón oro para revertir la situación.
En la Alemania de entreguerras, la inflación llegó a tales niveles que los sueldos se pagaban dos veces al día. Parte de la causa fueron las desorbitadas sanciones impuestas por las naciones vencedoras de la Gran Guerra, que terminaron de pagarse en 2010. A partir de 1923, con la emisión de una nueva moneda, la situación empezó a corregirse.
Un ejemplo clásico de deflación es la Gran Depresión de los EEUU. Al crack de la Bolsa de octubre de 1929 le siguió la quiebra de muchas empresas y, en consecuencia, un aumento del desempleo. Con ello, la oferta superaba a la demanda y los precios bajaron. Se calcula que el IPC cayó un 24% ente 1929 y 1933.
En Serbia, con las guerras que siguieron a la desmembración de Yugoslavia, la inflación alcanzó valores increíbles: a principios de 1994 llegaba a los cinco billones por ciento. De hecho, el precio de los productos se duplicaba cada día. A finales de enero de ese año, con la puesta en marcha del nuevo dinar yugoslavo, que valía 13 millones de los antiguos dinares, la situación empezó a quedar controlada.
En Serbia, con las guerras que siguieron a la desmembración de Yugoslavia, la inflación alcanzó valores increíbles: a principios de 1994 llegaba a los cinco billones por ciento. De hecho, el precio de los productos se duplicaba cada día. A finales de enero de ese año, con la puesta en marcha del nuevo dinar yugoslavo, que valía 13 millones de los antiguos dinares, la situación empezó a quedar controlada.
Ya en el siglo XXI, Zimbabue se ha visto inmerso en una hiperinflación que en 2008 se estimaba en 89 700 trillones por ciento. Las causas son la confiscación por el estado de los terrenos agrícolas de las minorías blancas y el rechazo al pago de la deuda con el FMI.
En España tuvimos una serie de años con un IPC anual de dos cifras, empezando con la Crisis del Petróleo del 73. La tendencia se prolongó durante una década, para empezar a decaer a partir del 84, manteniéndose desde el 93 por debajo del 5%.
En España tuvimos una serie de años con un IPC anual de dos cifras, empezando con la Crisis del Petróleo del 73. La tendencia se prolongó durante una década, para empezar a decaer a partir del 84, manteniéndose desde el 93 por debajo del 5%.

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