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Inspección de Hacienda: ¿en qué consiste?

Para todo contribuyente, ya sea persona física o jurídica, resulta crucial disponer del suficiente bagaje y la actitud correcta y proporcionada ante una eventual y siempre incómoda inspección de Hacienda o ante la recepción de una notificación por parte de la Agencia Tributaria de una citación que, con frecuencia, no excede en sus objetivos de una simple comprobación de datos.

El modus operandi de las inspecciones

Las conocidas como inspecciones de Hacienda no dejan de ser actuaciones administrativas especializadas mediante las cuales, los órganos competentes de la Agencia Tributaria tratan de verificar el ajuste de las declaraciones presentadas a las obligaciones tributarias de los contribuyentes, y en otros casos instar a su presentación en caso de incumplimiento de la obligación de hacerlo.

Existe una sustancial diferencia entre actuaciones promovidas por las unidades de gestión tributaria y las derivadas de las unidades de inspección, en cuyas atribuciones se encuentran claras divergencias. En el caso de una inspección de Hacienda llevada a cabo por las primeras, al carecer de buena parte de las facultades de comprobación adjudicadas a la inspección (como requerir la presentación de los documentos contables), no es necesario aportar elementos de la contabilidad que puedan revelar información que los funcionarios actuantes no pueden solicitar.

En todo caso, conviene tener presente que los órganos de inspección tributaria están autorizados para personarse sin previo aviso en las dependencias del contribuyente y proceder a practicar la misma. Como premisa, han de informar por escrito al inspeccionado el motivo y el carácter de la intervención. Superada esa premisa, solamente tendrán potestad para entrar en las instalaciones acreditando una orden judicial, y en caso de no disponer de ella será el propio contribuyente quien decidirá dar o no su consentimiento, todo ello con arreglo al principio constitucional de inviolabilidad del domicilio al cual el supuesto de una inspección fiscal no es ajeno. Se trata de un procedimiento garantista que obliga a los funcionarios en el ejercicio de sus funciones, sin pretender obstruir la labor de estos en su lucha contra el fraude.

En caso de una inspección domiciliaria, el inspector debe entregar la notificación de su inicio. Una vez recibida, el contribuyente o quien le represente legalmente decidirá autorizar o no la entrada al inspector, y en caso negativo, el actuario puede optar por citar al contribuyente en dependencias oficiales para continuar con la actuación administrativa o recabar el soporte de una orden judicial que le asista para llevar a cabo la inspección “in situ”.

Plan de control tributario: más presión inspectora

Precisamente, el nuevo plan de control tributario contempla un catálogo de medidas destinadas al control del fraude fiscal y la economía sumergida, entre las que sobresalen las inspecciones sin previo aviso en determinadas zonas geográficas donde haya indicios de la realización de actividades económicas no controladas por la Administración tributaria.

Colaborar con los inspectores sin obstruir su labor

Todo contribuyente es susceptible, como consecuencia de su actividad económica, de encontrarse en el punto de mira de la Administración tributaria, circunstancia que puede traducirse en una inspección de Hacienda inesperada o en una notificación escrita requiriendo la aportación de información fiscal o contable. En ambos casos procede mantener una actitud colaboradora y transparente, si bien teniendo claros aquellos derechos que asisten al interesado que suponen otras tantas obligaciones para los inspectores.

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