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La contabilidad doméstica tiembla en septiembre

Enero se lleva la fama, pero septiembre también puede ser un mes terrible para la contabilidad doméstica. Los excesos del verano coinciden con el inicio del curso escolar, una nevera vacía y la necesidad de renovar el fondo de armario. Motivos suficientes para echarse a temblar.

Ante esta situación conviene tomar algunas precauciones. La primera de ellas pasa por intentar controlar el gasto durante las vacaciones o, por lo menos, hacerlo en el último tramo de éstas. La mejor manera para conseguirlo es trazar un presupuesto previo y tratar de cumplirlo a raja tabla.

Ya de vuelta al hogar comienzan los ejercicios de malabarismo en la contabilidad doméstica. Las familias con hijos son las que más riesgo tienen de pasar algunos apuros, pues el gasto en libros de texto, uniformes, matrículas de colegios, actividades extraescolares, transporte y comedor se mueve entre los 300 y los 1.500 euros por niño.

Prever este gasto antes de que llegue septiembre es lo más coherente, pero si el tren nos coge con los bolsillos vacíos no hay que hacer locuras. La mejor solución es tratar de recurrir a un adelanto de nómina o a un préstamo dentro del círculo familiar o de amistades.

Si estas soluciones no funcionan, podemos solicitar un préstamo personal en nuestra entidad bancaria o hacer las compras en establecimientos que permitan aplazar los pagos. Recurrir a la tarjeta de crédito tiene sus riegos y la opción menos recomendable para cuadrar la contabilidad doméstica es recurrir a los préstamos rápidos, debido a su alto interés.

Imagen: Jorge Franganillo en flickr.com

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