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La historia del hombre que casi se hace millonario estafando a McDonald's

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McDonald's retiró el año pasado de sus locales el Monopoli promocional que estuvo acompañando a alguno de sus productos desde 1987. La medida podría responder a un intento por evitar que se repitan estafas como la del señor que estuvo años riéndose de McDonald's mientras le sacaba los dólares a montones. La forma de proceder de este caballero, llamado Jerome Jacobson, era más que simple y aprovechaba el mecanismo de la promoción que en primer lugar lo que pretendía era enganchar a los clientes con la posibilidad de ganar millones de dólares.

El juego se desarrollaba sin tablero y se limitaba a descubrir las cartas de Monopoli que venían escondidas en algunos productos de la cadena de comida rápida. Estas tarjetas, similares a las del juego original, contenían premios variados que iban desde pequeñas cantidades de dinero hasta un millón de dólares. Evidentemente, las cartas estaban diseñadas y distribuidas para que primara el azar y que la probabilidad de ganar el premio gordo fuera como la de que te tocara la lotería.

Pero el azar se encontró de frente con Jerome Jacobson cuando McDonald's dejó la gestión de la promoción en manos de otra empresa (por obligación de la legislación estadounidense), Simon Worldwide, que se dedicó a repartir tanto las tarjetas como los premios. Jacobson se encontraba en una situación privilegiada y en el puesto adecuado (Jefe de Seguridad de Simon Worldwide) cuando el Monopoli de McDonald's se convirtió en una fiebre imparable entre los consumidores de las hamburguesas de Ronald McDonald.

FOTOS: Productos de McDonald's que fracasaron

Desde su puesto, Jacobson supervisaba la creación y administración de las tarjetas a nivel nacional; una circunstancia que le permitió desde 1990 hacerse con las cartas de mayor valor hasta que le pillaron seis años después, movido por la avaricia. Y es que si Jerome no llega a romper el saco, a lo mejor los de McDonald's ni se dan cuenta. Al principio se conformaba con premios de algunos miles de dólares, pero con el tiempo fue trincando premios más y más gordos, y, claro, los colegas de Ronald no son tontos.

Tampoco le pillaron con rapidez porque él no ganaba los premios, sino que cobraba encargos de terceros o ventas furtivas mediante una red de contactos de amistades y familiares. Para rematar la operación, el dinero se pasaba por el rodillo blanqueador de hipotecas y donaciones en las que siempre estaba involucrado un tal "Tío Jerry". Al final un chivatazo mandó forzosamente a Jacobson (que ya había ganado un millón de dólares) a una oficina del FBI, tras incontables escuchas y recolección de pruebas. De la ofician fue al juicio, y del juicio a la cárcel, de donde salió en 2005 sin un centavo y con el odio de McDonald's.

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