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Nadie está a salvo de la quiebra

La Unión Europea, todos los países del mundo, grandes empresas, pymes, familias, personas físicas y hasta clubs de fútbol. Desde la quiebra de Lehman Brothers en 2008 y la posterior crisis económica internacional, parece que nada ni nadie está a salvo de la suspensión de pagos.

Técnicamente, se da una situación de quiebra cuando no se puede hacer frente a los pagos que se deben realizar, porque estos son superiores a los recursos económicos disponibles. Esta situación de insolvencia, generalizada y permanente en el tiempo, desemboca en una negociación judicial con los acreedores.

Aunque generalmente el concepto de quiebra está asociado al mundo empresarial, algunos países ya han tenido su propia experiencia. Rusia, Argentina o Pakistán son algunos de ellos y, por lo que parece, no se puede descartar que el fantasma acabe recorriendo territorio europeo.

Ante el desplome griego, el Eurogrupo se ha manifestado a favor de una política de contención del gasto público que le permita controlar mejor las quiebras que puedan producirse en sus países miembros. Entre ellos, España y Portugal, que parecen habitar en el punto de mira de las agencias de calificación de deuda.

En nuestro país, la amenaza de quiebra también se respira en la calle. Según el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) las prestaciones por quiebra se duplicaron en el primer trimestre del año, en el que llegaron a concursarse 1.373 empresas. En el mismo periodo, 250 familias españolas se declararon en quiebra, lo que supone un crecimiento del 5'5% en comparación con el trimestre anterior.

Imagen: HikingArtist.com en flickr.com

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