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¿Por qué quieren hacer desaparecer el dinero en efectivo?

Llegará un día en el que a los chavales les enseñarán en las escuelas que antes había una cosa que se llamaba dinero. Estos hipotéticos zagales futuristas seguramente se compren las chuches (si no las vuelve a subir algún seguidor de Zapatero) pasando la mano o el ojo por un escáner o, si no tiene acceso a esos métodos de pago, lo harán echando mano a su móvil, su monedero virtual o su tarjeta con wifi.

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Más control fiscal y mayor eficacia

Quizá la escena de un chiquillo pagando caramelos con la retina todavía esté reservada a las pelis de ciencia ficción, pero lo de pagar sin dinero (con móvil o tarjeta contactless) es ya una realidad. De hecho, es tal la presión ejercida por los mercados para que desaparezca el dinero en efectivo que ya hay países que han metido las manos en harina. Hablamos de Dinamarca, donde el Gobierno ya ha dado vía verde a los comercios para rechazar el pago en metálico.

La cosa es que, lejos de ser el perro verde, Dinamarca está marcando tendencia. Y el resto de países escandinavos parece que van a imitar a los daneses en breve. El contagio continental (y mundial) parece inevitable, y en pocos años podríamos ver cómo el dinero en efectivo desaparece forzosamente de nuestras vidas. Pero, ¿por qué están tan empeñados los mercados en acabar con los billetes y las monedas con lo cucas que son?

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En Dinamarca lo tienen claro, acabar con el dinero es acabar con la evasión fiscal y la economía sumergida. Ciertamente, es así en gran medida, pero también supondría dar un poder ilimitado a los bancos, ya que controlarían (o al menos supervisarían) la totalidad del flujo de dinero. Imaginen el BCE pudiendo manejar todo el tesoro europeo desde sus oficinas, pues eso será posible si la única representación del dinero es digital. Es así de simple, todo billete que está en tu bolsillo es un billete que los mercados financieros no pueden agarrar (mientras esté en tu cartera, claro).

Pero imaginemos ahora un mundo donde los banqueros son seres de luz y color que anteponen los intereses de sus clientes a los propios. Ese control absoluto de la economía a través de la moneda digital haría que las medidas para mejorarla fueran más acertadas y eficaces. El problema es que al volver al mundo real, donde los banqueros no son osos amorosos, la eficacia y el control fiscal son dos armas al servicio de la Banca; y ya sabemos quién gana siempre en estos casos.

El futuro ya está aquí

Para muchos, un mundo sin papel moneda es poco más que el argumento para un guión de cine o un reclamo publicitario, pero lo cierto es que todos estamos empujando el carrito de la economía mundial en esa dirección. Si nos paramos a pensar, quizá descubramos que gran parte de nuestras compras las realizamos sin dinero: pago con plástico, contactless, pago digital (para las compras por Internet), pago con móvil... Sí, deshacerse del dinero en efectivo no es nada nuevo, ya se venía planeando.

En este sentido, acabar con monedas y billetes será una medida natural que se amoldará a los hábitos de consumo de la mayoría de la población. Ciudadanos-consumidores atrapados por la tecnología que verán la destrucción del cash como una respuesta a sus necesidades, y no como una obligación impuesta por los mercados financieros. Algo que, dicho sea de paso, consideran los que además de tirar del plástico para pagar siguen teniendo un hueco en su corazón (y su cartera) para el papel y el metal.

¿Qué pasa con la brecha digital y la pobreza?

El pago por móvil o el contactless, tan de moda, se están vendiendo como unas formas de pago apetecibles por hacer de las transacciones y las compras una realidad más segura y directa, más humana incluso. Pero no es oro todo lo que reluce en el chapado de los móviles y las tarjetas. Pagar con un gesto o un clic puede ser más directo, pero su seguridad todavía está en entredicho (que se lo digan al hacker que se paseó por el metro de Londres desplumando al personal).

Pero eso de humano... va a ser que no. Cuando a los defensores del pago por móvil, contactless y sucedáneos (gente vinculada a entidades financieras en su mayor parte) se les llena la boca recordando a la población lo maravilloso que es comprar con la tecnología más puntera, se les olvida que hay gente que no tiene dinero ni para comprarse un móvil o, si lo tienen, no saben usarlo (como mi abuela). ¿Qué pasará entonces con estas personas?, ¿como se salvará la brecha digital y la pobreza?, ¿o es que quizá ellos no cuentan para los mercados?

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