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Por qué algunos ganadores de la lotería acaban en bancarrota

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Casi todo el mundo piensa que si le tocaran unos cuantos millones a la lotería se le acabarían los problemas y sería feliz para siempre. Los datos, que son tozudos, no afirman lo mismo: se calcula que al menos un 70% de los ganadores de grandes premios de lotería se han arruinado al cabo de cinco años.

Las razones son variadas, desde el descontrol en los gastos hasta el convertirse en víctima de engaños y estafas, pasando por no prever los futuros impuestos. En el fondo, se trata de falta de experiencia, pues aunque uno puede saber manejar perfectamente un presupuesto con un sueldo promedio, encontrarse de repente con una fortuna es tan desconcertante como encontrarse de repente cantando O mio babbino caro sin llamarse Montserrat Caballé.

En España las cosas son discretas y no es habitual que se hagan públicos los nombres de los ganadores, pero en Estados Unidos sí, y así podemos conocer algunas historias como la de William Post, que ganó 16 millones de dólares en 1998. Compró coches y negocios para sus hermanos, se compró un avión, un barco, varias motos y casas, se casó siete veces, su casera le demandó por un tercio del premio, su hermano intentó matarle y acabó cargado de deudas y viviendo de una pensión de discapacidad de 450 dolares.

O Jack Whittaker, que ya era millonario cuando ganó 315 millones de dólares en 2002. La fama subsiguiente trajo consigo la desgracia: todas sus malas costumbres (beber, jugar) quedaron expuestas, su esposa se divorció de él, le robaron varias veces y algunos de sus empleados le estafaron. Lo peor: su nieta, de solo 17 años, fue hallada muerta por consumo de cocaína.

O la historia de Janite Lee, que ganó 18 millones en 1993. La mayor parte la donó a entidades caritativas, pero se compró un casa de un millón con una hipoteca. Además, alquiló coches de lujo y pidió varios créditos millonarios. Cuando intentó pagar por adelantado uno de esos créditos, se encontró con una penalización de 750 000 dólares. Se declaró en bancarrota debiendo dos millones y medio de dólares.

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De todas maneras, aunque la lotería es llamada 'el impuesto para los que no saben matemáticas' debido a la bajísima probabilidad de que toque un premio grande, algunos estudios científicos apuntan a que, solo con imaginar que ha tocado un buen premio, se activan las áreas del cerebro que tienen que ver con la gratificación y el placer, es decir, se siente casi lo mismo que si tocara de verdad. Y de ilusión también se vive.

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