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La Tasa Tobin o el Impuesto de Transacciones Finacieras ITF

La tasa Tobin debe su nombre a James Tobin, un economista estadounidense keynesiano que allá por los años setenta del siglo pasado expuso en la universidad de Princeton sus ideas acerca de cómo poder encontrar un método capaz de controlar la volatilidad en los tipos de cambio de divisas. La acuñación del término Tasa Tobin se debe a la organización ATTAC, que desde la última década del siglo XX, viene proponiendo su aplicación.

Pros y contras de la Tasa Tobin

En el camino de lo teórico a lo práctico, la tasa Tobin se conoce en la actualidad como Impuesto sobre las Transacciones Financieras (ITF). James Tobin proponía la aplicación de un impuesto con el que disuadir a los especuladores que invierten en divisas a muy corto plazo. Así que, para Tobin, lo importante era poner un freno al tráfico de divisas más que el efecto recaudatorio secundario de las medidas que proponía.

El Impuesto sobre las Transaciones Financieras es defendido por numerosas organizaciones políticas, sociales y sindicales al considerar que es un mecanismo que evita la especulación en las transaciones a corto plazo, y a la vez un medio para recaudar fondos que reviertan en servicios para la ciudadanía.

Otros, sin embargo, plantean dudas acerca de la ejecución técnica de esta propuesta. Los escépticos acerca de la efectividad de la tasa Tobin aluden a que para que realmente sirviera de algo, se debería aplicar en todo el mundo y de la misma manera. Plantean también qué organismo o autoridad internacional se encargaría de la gestión del dinero recaudado.

Hay muchas dudas acerca de si algún día se verá aplicadas las ideas de James Tobin. El mismo Tobin decía en una entrevista concedida a la revista alemana Der Spiegel en 2001 que no lo veía probable por la oposición de los toman las decisiones en el mundo financiero.

La clave es la distinción entre capitales especulativos y productivos

La tasa Tobin pretendía evitar los desmanes de las operaciones de capital especulativo, es decir, las inversiones con las que obtiene un beneficio dentro del propio circuito financiero sin que esas inversiones pasen a la economía real. El insaciable deseo de obtener ganacias astronómicas y la complicidad de los árbitros de las finanzas globales parecen ser las principales causas del actual desequilibrio entre capital especulativo y capital productivo. La falta de acuerdo entre los han detectado y analizado el problema para darle una solución es a su vez, coadyuvante involuntario de la actual situación.

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