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¿Tienen derecho los fumadores y bebedores a la sanidad pública?

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Que el tabaco, el alcohol y los kilos de más son malísimos para la salud, lo sabemos. Esta triada insalubre trae de todo menos alegrías, al menos a medio y largo plazo, desde problemas cardiovasculares serios hasta enfermedades crónicas (algunas asociadas a daños mortales de necesidad). Pero el resultado de los malos hábitos relacionados con la obesidad, el alcoholismo y el tabaquismo no plantean solo un dilema sanitario, también es económico, al menos para el EISMD.

El EISMD, un conglomerado europeo de organizaciones universitarias, mediáticas y empresariales, ha calculado el coste que supone para las arcas públicas de la eurozona la atención sanitaria de fumadores y bebedores. El monto de la factura parece que no les ha hecho mucha gracia, al menos teniendo en cuenta las propuestas que han lanzado al aire bruselense. Unas cuestiones que ponen sobre la mesa cuestiones sobre los hábitos de los ciudadanos y la universalidad de la Sanidad Pública.

Por un lado proponen aumentar la presión mediática sobre la población para forzar a la ciudadanía a optar por una vida más saludable, y por otro sugieren que la atención sanitaria gratuita debería estar supeditada al perfil de cada paciente. Hablando en plata, el EISMD está a favor de negar el acceso público a ciertos tratamientos si la enfermedad que se intenta paliar se debe a la adopción de un estilo de vida considerado nocivo para la salud por las autoridades sanitarias.

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Vamos, que si en Bruselas les hace tilín la perspectiva del EISMD, ya puedes ir preparando la cartera si tienes un enfisema por culpa del tabaco, el abuso del alcohol te ha dejado el hígado tocado o te ha dado un infarto por no llevar una dieta adecuada. Pero prepárala bien, porque estos señores del EISMD también han dejado caer que habría que darle caña a la fiscalidad que afecta a los usuarios de productos reconocidos por su incompatibilidad con el desarrollo de una vida saludable.

De todas formas, el aumento de la presión fiscal en estos productos no es nada nuevo. Ya hemos visto subidas de los impuestos sobre el tabaco y el alcohol, por ejemplo. Algo que aplauden los no fumadores y abstemios, los cuales no verán con malos ojos la propuesta de penalizar en el sistema sanitario a fumadores y bebedores. En definitiva, los tratamientos pagados con dinero público los pagamos todos, independientemente de lo sanos que sean nuestros hábitos de consumo.

Pero si echamos mano de los datos, al final el debate supera el tema económico para convertirse en una cuestión política (al más puro estilo Black Mirror). No importa que solo los vicios supongan casi el 15% del gasto sanitario anual en España, cuando el Estado español ingresa cada año lo mismo o más a través de los impuestos sobre el tabaco y el alcohol. Entonces, si la balanza queda en equilibrio... ¿qué se está discutiendo aquí? Pues lo de siempre, si la sanidad es un derecho universal y quién tiene autoridad para decidir sobre nuestra salud. Ni más, ni menos.

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