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Un país en números gracias a la contabilidad nacional

Una de las lecciones que la Unión Europa ha aprendido durante la actual crisis es que es necesario incrementar los controles sobre la contabilidad nacional. El fiasco de la economía griega demostró que los balances de cada país son demasiado susceptibles a la interpretación y a los maquillajes políticos, por lo que detrás de unos números en verde puede esconderse la peor de las ruinas.

El caso griego ha dado mucho que hablar sobre el propio concepto de contabilidad nacional, que consiste en una estadística de síntesis con la que los países estiman el estado coyuntural de sus economías. Estas descripciones cuantitativas permiten conocer la situación actual de una economía así como su comportamiento futuro.

Para conseguir esa visión general, se necesita estudiar los datos de los principales actores económicos de un país, es decir, el sector público, las empresas y las economías domésticas. Procesando los datos de estos sectores se obtienen una serie de resultados que se expresan mediante magnitudes.

Quizás la más importantes de estas magnitudes sea el Producto Interior Bruto (PIB), indicador estándar de la contabilidad nacional para las clasificaciones internacionales. El PIB mide el valor monetario de la producción de bienes y servicios de un país y se utiliza como medida del bienestar material de una sociedad.

Otra de las grandes magnitudes de la contabilidad nacional es la renta nacional, que mide los ingresos netos de los entes productivos de un país. Al igual que en el caso del PIB, el valor coyuntural de estas magnitudes se expresa mediante la variación con respecto a los resultados anteriores, lo cual permite apreciar el crecimiento o estancamiento de una economía.

Imagen: Wikimedia Commons

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